El ciclo del Vaivén
Estoy triste,
me es difícil comprender algunas cosas,
la vida ah sido dura, quizá aritméticamente incierta;
un vacío indescriptible, que me consume,
que me quema, haciéndome caer lentamente al suelo...
Estoy triste, pero no hay explicación,
no es como que el día hubiese sido malo,
pero es como una yaga abierta y sangrante...
como esos surcos, que la vida deja,
que se marcan en la frente y en el resto del cuerpo.
No suelo volar muy alto, por miedo a caer con fuerza,
de eso ya se mucho, digamos, "es parte de mi historia",
pero hoy es extraño, no es como aquellos,
lleno de color y ternura, vaya, ¡Que ternura!,
no quiero levantar el vuelo y es extraño,
pero solo sé, que me encuentro triste...
Mi alma suspira en el silencio, buscándote,
creyendo que estás cerca, pero te encuentras distante,
te alejas, indirectamente me hieres, ¡si!, no es drama.
es algo bastante cierto, como el sol que sale por las mañanas,
y cubre el mundo con su luz, así, te necesito.
Estoy triste, pero caigo en el manojo de mis inseguridades,
creyendo que con la gota tenue de la lluvia de mis palabras,
reacciones, al menos del recuerdo sobrio o dulce de mi presencia,
y no es nada en contra tuya, solo es mi yo oscura.
Tan solo mi yo,
y creo lo que entre líneas puedas entender, que hace frío,
como el ayer, cuando la despedida fue triste,
cuando el silencio nos ahogaba en su vestiduras,
pero fiel creyente de mi sentimientos, me habito,
me despierto y vuelvo a buscarte.
Buscarte, siempre será una buena opción,
a pesar de que el viento en verdad no sople a mi favor,
aunque tus palabras no sean notas bellas a mi oídos,
tu cuerpo me rechace o en verdad ya no desees saber de mi...
Estoy triste, pero no eres tú la culpable,
solo es el tiempo angosto entre tu vida y la mía,
que no perciben salir de su rutina,
pero que se escapan en frases tan frías como tu adiós...

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