La vida de un rosal




Una rosa caída del rosal, hundida en el lodo despreciable de la sociedad, cruel destino del caminante que duerme en la esperanza de ver su sendero edificante, pero cae en la desesperación de tomar el camino más denso y abrumador, por la facilidad, recogiendo su infortunio destino se deja llevar, por la densa y abrumadora sociedad, se pone la venda, y camina en la más oscura crueldad, no quiere despertar, no quiere ir más allá y la rosa pierde el aroma en el lodo ahogador; caminante sin destino, ni fortuna aun ciego por el martirio de la maldad, sueña con el sol brillante del amanecer, ver otra vez esa luz radiante, dulce gloria del cielo, cumbre del amanecer…
Duerme en esa realidad fascinante, creada por un mundo sin razón, despierta ya del delirio infortunio, de un camino sin amor, se oye del cielo una voz entre cortante que despierta al caminante, de su imaginación, en medio del despertar, sufre una fatal caída y un  dolor fulminante, que acaba con su ser, ya es demasiado tarde, el dolor mato a su corazón, pero bajo la sombra del camino entre las cumbres de ese infierno total se oyen unos gritos, la voz de un alma que grita de dolor, la lluvia de fuego devora su esencia sin razón; y sobre lo más significativo una luz muy radiante, alumbra el ultimo pétalo de la rosa, devolviéndole el aroma, rescatando al caminante que ya en su último suspiro dijo adiós al camino, desaparece la abrumante y densa realidad, creándose la más dulce vida, la vida de aquel rosal…    

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