Lavaste mis pies, como esclavo siendo rey…


Me senté, junto a tantos,
que escuchaban tu voz y tu nombre,
sentir tu presencia, era una bendición,
cuantos desearían, mirarte a los ojos,
cuantos por un minuto, junto a ti,
les gustaría, estar en oración,
tú nos miras con ternura,
pues eras hijo de hombre, igual que todos,
que siendo tan iguales,
tu esencia era la diferencia,
pues el simple hecho de escucharte,
es algo más que impresionante,
pues eres tú, el amor hecho vida,
que arrebato de mi cuerpo, las heridas,
que abrió mis ojos, hacia la realidad,
porque en tus ojos hay más que luz,
que amor, esperanza,
un camino eterno, una vida nueva,
una vida en alabanza…

Con delicadeza, sin pensar,
tomaste mis pies, sobre tus manos,
como deteniendo el tiempo,
con suavidad las lavaste,
y cada gota de agua, sobre mi piel,
se sentía como la bendición más grande,
de nuestras vidas;
quien como tú, nadie seria,
que se sometiera así mismo,
ser como un esclavo, siendo rey,
me muestras con humildad,
que soy tan igual a ti,
como lo soy hoy, compartiendo mi humanidad,
solo te pido una sonrisa,
que regale amor, compasión y caridad…

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