Guerra del corazón, conflictos del alma...

Se sincero el corazón, con el alma, al escuchar el terrible, dolor del silencio,
cuando la lucha del interminable vacio, anuncia la llegada de tu voz,
cuando la dulce soledad, te atrapa sin piedad,
y los dueños, solo sueños serán,
es quizás cuando la lluvia queda atrás,
cuando recuerdas tu primer encuentro carnal,
y la experiencia ganada por el tiempo,
los vientos soplan y tú no dices nada,
y mi apariencia se disuelve en el vacío,
tu oyendo a lo lejos, lo cruel que es el tiempo,
buscando mis anhelos, y tal vez cuando el camino sea más angosto,
el dueño de todo, te quitara lo que obtuviste, en guerras y batallas,
yo tan solo quedare, con el fiel recuerdo de tu canto, mis agallas…
La cumbre de tu calma, me conto de tu paisaje,
es quizás que el camino se torne agridulce,
mi silencio aun te busque, quizás te extraño, solo es todo;
tus montes no anuncian tu llegada,
pero el fuego de esta viva pasión, enternece al alma,
seduce mi corazón, quizás gritaras extrañada,
no hay nada que ver, nada que tocar,
solo un corazón que reclama, tu caricia, la lluvia consagrada;
yo tan solo espero con ansias, tu dulce mirada,
y en el barco de tu seducción, prendí la llamarada,
la dulce estocada, bajo el cautivo cuerpo,
de aquella diosa enamorada, la mujer más deseada…
Se me agotan las fuerzas, tú renuevas mi sendero,
tú alumbras mi fe, mi esperanza,
ya perdido en el laberinto de tu corazón,
no encuentro un espacio para mí,
tan solo rosas y jazmines, que hablan de tan solo de ti,
mi verso fluido, mi canto olvidado,
demuestra la pureza de tu encanto,
la belleza en medio de tanta naturaleza,
y es tal vez que el forastero, acudió a la portada,
llevando de regalos, tu luz, tu mirada,
y es ahí donde mi corazón reclama,
tan solo un segundo, un instante;
ya me olvide del verbo, pero no de su acción,
ya recordé su nombre, pero no su oración,
me perdí en el horizonte, donde aun tu voz me habla,
en donde los muertos te reclaman…
Guerra del corazón, conflictos del alma…